PALABRAS BONITAS PARA LEER CUANDO SIENTAS QUE NO PUEDES MÁS
Respira, mamá. Solo respira. Si hoy sientes que no puedes más… si te pesa el cuerpo, el alma y hasta las pestañas… si estás al borde de las lágrimas o ya las dejaste caer… si te preguntaste en silencio “¿por qué me siento así?”, aunque no haya una respuesta clara… quédate un momento conmigo. No estás sola.
Sé lo que es darlo todo. Sé lo que es despertarse mil veces en la noche, aunque nadie más lo vea. Sé lo que es comerse las emociones mientras preparas la cena, recoges juguetes o limpias el mismo desorden por tercera vez. Sé lo que es pensar que tienes que poder con todo… y no poder.
Y no, no estás fallando. Solo eres humana. Una mujer real con un corazón cansado que también necesita que alguien la abrace, aunque sea con palabras.
A veces, ser fuerte no significa seguir sonriendo. A veces, ser fuerte es darte permiso de llorar, de soltar, de decir “hoy no puedo” sin sentir culpa. A veces, la fuerza está en aceptar que necesitas un respiro. Que no eres una máquina. Que también necesitas ser cuidada.
No es fácil cuidar a todos y a todo, y al mismo tiempo sostenerte a ti. No es fácil cargar con culpas invisibles, con expectativas que nadie dijo en voz alta, pero que tú te pusiste sobre los hombros. No es fácil poner siempre a los demás primero y luego intentar recordar quién eras tú antes de todo esto.
Pero estás aquí. Y eso ya dice mucho. Estás leyendo estas palabras porque aún en tu cansancio, buscas luz. Porque aún con el alma desordenada, sigues intentando.
Quiero que recuerdes esto: no estás sola. Hay más mamás como tú que hoy también están luchando en silencio. Y no por ser comunes, tus emociones valen menos. Tu dolor importa. Tu cansancio importa. Tú importas.
Hoy te regalo estas palabras como un susurro amable, como un abrazo invisible que llega hasta donde estás.
No tienes que tener la casa perfecta. No tienes que tener la paciencia de un santo. No tienes que ser feliz todo el tiempo. No tienes que poder con todo.
Solo tienes que ser tú. Con tus luces y tus sombras. Con tus ganas y tus dudas. Con tus lágrimas y tus sonrisas a medias. Con el amor inmenso que te habita, aunque a veces se esconda bajo el agotamiento.
Tal vez hoy el mundo no te lo ha dicho, pero yo sí quiero que lo sepas: lo estás haciendo bien. A tu manera, con lo que tienes, con todo tu corazón. Y eso vale oro.
Así que si hoy necesitas sentarte cinco minutos en el suelo y respirar. Hazlo. Si necesitas llorar en la ducha. Llora. Si necesitas hablar con alguien o quedarte en silencio. Está bien.
Esto también pasará. Tu alma encontrará descanso. Tu corazón volverá a sonreír. Y hasta entonces, está bien no estar bien.
No olvides que en medio del caos, también estás floreciendo. Y que incluso cuando crees que no puedes más… siempre hay algo dentro de ti que sigue diciendo: sigue.
Sigue, pero a tu ritmo. Sigue, pero no sola. Sigue, pero sin exigirte tanto.
Y cuando no puedas más, vuelve a estas palabras. Aquí estaré para recordártelo.
Respira, mamá. Solo respira. Si hoy sientes que no puedes más… si te pesa el cuerpo, el alma y hasta las pestañas… si estás al borde de las lágrimas o ya las dejaste caer… si te preguntaste en silencio “¿por qué me siento así?”, aunque no haya una respuesta clara… quédate un momento conmigo. No estás sola.
Sé lo que es darlo todo. Sé lo que es despertarse mil veces en la noche, aunque nadie más lo vea. Sé lo que es comerse las emociones mientras preparas la cena, recoges juguetes o limpias el mismo desorden por tercera vez. Sé lo que es pensar que tienes que poder con todo… y no poder.
Y no, no estás fallando. Solo eres humana. Una mujer real con un corazón cansado que también necesita que alguien la abrace, aunque sea con palabras.
A veces, ser fuerte no significa seguir sonriendo. A veces, ser fuerte es darte permiso de llorar, de soltar, de decir “hoy no puedo” sin sentir culpa. A veces, la fuerza está en aceptar que necesitas un respiro. Que no eres una máquina. Que también necesitas ser cuidada.
No es fácil cuidar a todos y a todo, y al mismo tiempo sostenerte a ti. No es fácil cargar con culpas invisibles, con expectativas que nadie dijo en voz alta, pero que tú te pusiste sobre los hombros. No es fácil poner siempre a los demás primero y luego intentar recordar quién eras tú antes de todo esto.
Pero estás aquí. Y eso ya dice mucho. Estás leyendo estas palabras porque aún en tu cansancio, buscas luz. Porque aún con el alma desordenada, sigues intentando.
Quiero que recuerdes esto: no estás sola. Hay más mamás como tú que hoy también están luchando en silencio. Y no por ser comunes, tus emociones valen menos. Tu dolor importa. Tu cansancio importa. Tú importas.
Hoy te regalo estas palabras como un susurro amable, como un abrazo invisible que llega hasta donde estás.
No tienes que tener la casa perfecta. No tienes que tener la paciencia de un santo. No tienes que ser feliz todo el tiempo. No tienes que poder con todo.
Solo tienes que ser tú. Con tus luces y tus sombras. Con tus ganas y tus dudas. Con tus lágrimas y tus sonrisas a medias. Con el amor inmenso que te habita, aunque a veces se esconda bajo el agotamiento.
Tal vez hoy el mundo no te lo ha dicho, pero yo sí quiero que lo sepas: lo estás haciendo bien. A tu manera, con lo que tienes, con todo tu corazón. Y eso vale oro.
Así que si hoy necesitas sentarte cinco minutos en el suelo y respirar. Hazlo. Si necesitas llorar en la ducha. Llora. Si necesitas hablar con alguien o quedarte en silencio. Está bien.
Esto también pasará. Tu alma encontrará descanso. Tu corazón volverá a sonreír. Y hasta entonces, está bien no estar bien.
No olvides que en medio del caos, también estás floreciendo. Y que incluso cuando crees que no puedes más… siempre hay algo dentro de ti que sigue diciendo: sigue.
Sigue, pero a tu ritmo. Sigue, pero no sola. Sigue, pero sin exigirte tanto.
Y cuando no puedas más, vuelve a estas palabras. Aquí estaré para recordártelo.
Te abrazo fuerte desde aquí.
Consejos para Mami

Comentarios
Publicar un comentario