CAMPAMENTO EN CASA: EL PLAN MÁS BONITO QUE PUEDES HACER HOY
¿Y si esta noche hacen algo distinto? No un viaje, ni una salida, ni una gran aventura… sino algo mucho más sencillo, más íntimo y más poderoso: un campamento en la sala.
Sí, en el lugar de siempre, donde a veces hay juguetes por todos lados y se repite la rutina de todos los días. Pero esta vez, con un pequeño giro de magia.
No se necesita mucho.
Un par de sábanas, unas sillas, cojines y cobijas. Una linterna o unas velas LED (esas que tenemos guardadas y no usamos nunca). Un cuento para leer. Un par de malvaviscos derretidos en una sartén.
Y lo más importante: tiempo y presencia. Esas dos cosas que a veces sentimos que no nos alcanzan, pero que cuando se dan con el corazón, valen más que cualquier juguete.
El plan es simple: armar una carpa improvisada en la sala, usar pijamas desde temprano, preparar algo especial para comer (pueden ser mini sándwiches, palomitas, frutas picadas o lo que tengan a mano), y apagar las luces. Encender la linterna, apagar el celular. Y empezar a jugar a que están acampando en un bosque, o en una montaña, o bajo un cielo lleno de estrellas.
Pueden contar historias, leer cuentos, jugar a los sonidos de la naturaleza o simplemente hablar.
A veces los niños solo necesitan una excusa para abrir su mundo interior. Y qué mejor excusa que una noche fuera de lo común… pero dentro de casa.
Quizás se queden dormidos sobre la alfombra.
Quizás pidan hacer lo mismo cada fin de semana.
Quizás tú también te sorprendas con lo bien que se siente salir de la rutina sin salir de casa.
Porque no se trata de hacer algo perfecto, ni de tener la casa ordenada.
Se trata de crear recuerdos.
Y muchas veces, los recuerdos más bonitos no tienen costo, no requieren planificación, ni filtros, ni destino.
Solo necesitan amor, intención… y una sala que por una noche se convierte en un rincón mágico.
¿Te animas a probarlo esta semana?
Tus hijos tal vez no lo digan, pero te prometo algo: lo van a recordar.
Y si quieres sumar más ideas, puedes agregarle un toque artístico a la noche. Por ejemplo, pintar juntos con témperas o crayolas sobre papel kraft extendido en el piso, hacer dibujos con linternas en la pared o hasta decorar la “carpa” con estrellas de papel hechas por ustedes.
Otra idea linda es preparar una caja de los sentidos: meter objetos suaves, que suenen bonito, que huelan rico o tengan texturas diferentes, y explorarlos juntos bajo la linterna. Si tus hijos ya escriben, pueden llevar una libreta para anotar sus pensamientos, dibujar o simplemente escribir qué fue lo que más les gustó del día. Y si aún no escriben, pueden contártelo y tú lo anotas para guardar como recuerdo.
Al final de la noche, antes de dormir, puedes cerrar con una ronda de agradecimientos. Cada uno dice una cosa por la que está agradecido ese día. No hay respuestas buenas o malas. Lo importante es enseñarles a reconocer lo lindo que tienen, lo que vivieron, lo que sintieron.
Y si el campamento se repite otra noche, agreguen algo nuevo: una receta casera, una mini obra de teatro, una pijamada de cuentos inventados o hasta una “lluvia de estrellas” hecha con linternas proyectadas al techo. No importa qué tan simple sea. Ellos no necesitan grandes espectáculos. Necesitan momentos reales contigo. Esos en los que se sienten mirados, escuchados, abrazados. Y tú también, aunque a veces lo olvides, necesitas eso.
Porque al final, no se trata de darles todo lo que no tuvimos, sino de darles todo lo que somos: nuestra risa, nuestra ternura, nuestra presencia. Y una noche acampando en la sala puede ser el comienzo de todo eso.
Te abrazo fuerte desde aquí,
Consejos para Mami.

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