CONSEJOS QUE ME HAN SERVIDO CUANDO LOS VIRUS ANDAN POR TODAS PARTES
Ser mamá en medio de una temporada de virus es como estar en alerta constante. Un día tu hijo amanece bien, y al siguiente ya está con fiebre, moquitos o diciendo que le duele la garganta. Y entonces empieza la preocupación, el miedo a que se ponga peor, el cansancio… y ese deseo de poder protegerlo de todo.
Si estás en esa etapa, te entiendo. No soy doctora, pero soy mamá, y también me he quedado en vela, he preparado sopas a las tres de la mañana y he llorado en silencio por no saber si estaba haciendo las cosas bien.
Por eso hoy te quiero compartir lo que me ha servido, con cariño, sin fórmulas mágicas, solo como una mamá que habla con otra desde el corazón.
1. EMPIEZA POR LO MÁS SIMPLE: EL AIRE DE TU CASA
A veces lo más importante es lo que menos notamos. Tener la casa bien ventilada —aunque esté haciendo frío— ayuda muchísimo. Yo abro las ventanas al menos 15 minutos cada mañana, y luego uso mantas o abrigos para que el ambiente no se enfríe del todo. Renovar el aire evita que los virus se queden “circulando” adentro y también hace que todos respiren mejor. No necesitas cambiarlo todo, solo crear un espacio donde se respire tranquilidad… y eso empieza por el aire.
2. FORTALECER SUS DEFENSAS DESDE LA COMIDA
Desde siempre intento que su alimentación tenga ese “extra” que los ayude a estar más fuertes. No se trata de hacer recetas complicadas ni de seguir una dieta perfecta, sino de ser constante con cosas simples: frutas ricas en vitamina C como naranja, piña o mandarina; sopas caseras con ajo, cebolla y verduras; arroz con lentejas, avena calientita, pan con aguacate y buena hidratación durante el día.
Lo que buscamos no es llenar el plato, sino fortalecer su cuerpo desde lo cotidiano. Y aunque no siempre se lo comen todo, el solo hecho de ofrecerles cosas que los nutran ya es una forma de cuidarlos. Porque prevenir también es eso: crear hábitos simples que, sin que se note, van sumando a su salud cada día.
3. ABRIGARLOS CON CARIÑO… PERO CON LÓGICA
Durante mucho tiempo pensé que más abrigo era mejor. Hasta que entendí que si sudan, se enfrían más fácil y se enferman. Ahora los visto por capas: camiseta, suéter, chaqueta. Así pueden ir quitando o poniendo según el clima. Y aunque parezca una tontería, revisarles la nuca o las manos para ver si están muy calientes o fríos es un truco que nunca falla. Ah, y sí: calcetines puestos… siempre.
4. LAVARSE LAS MANOS SÍ HACE LA DIFERENCIA
Lavarse las manos parece algo simple, pero en estos tiempos marca una gran diferencia. En casa lo hacemos siempre que llegamos de la calle, antes de comer y después de ir al baño. A veces se les olvida, claro, pero lo importante es insistir con paciencia hasta que se vuelva costumbre. Yo lo repito una y otra vez, y poco a poco ellos lo van haciendo solos. También suelo llevar alcohol en gel en la bolsa por si estamos fuera. Son pequeños detalles, pero ayudan más de lo que imaginamos.
5. CUANDO ALGO NO TE SUENA… CONFÍA EN TU INSTINTO
8. NADA DE MEDICINAS SIN REVISAR ANTES
Lo sé: verlos mal y no poder hacer nada es desesperante. Pero darles cualquier jarabe “porque una vez le funcionó” puede ser peligroso. Cada cuadro viral es diferente. Y no todos los medicamentos sirven para todos. Siempre hablo primero con su pediatra, aunque sea por mensaje. Porque lo que hoy calma una fiebre, mañana podría no funcionar igual. Y cuando se trata de su salud, prefiero preguntar de más que arrepentirme después.Hay veces que algo “pequeño” se vuelve serio si lo dejamos pasar. He aprendido que cuando un hijo tiene fiebre alta por más de dos días, o está muy decaído, hay que consultar. No importa si no tiene la garganta roja ni el oído inflamado, a veces los virus se presentan de formas diferentes. Y tú, como mamá, sabes cuando algo no está bien. Confía en esa sensación, porque muchas veces es lo que nos salva de que algo empeore.
6. LA ROPA HÚMEDA SÍ IMPORTA (AUNQUE DIGAN QUE NO)
Sí, técnicamente mojarse no da gripe. Pero si tu hijo se queda con la ropa húmeda, baja su temperatura corporal y eso debilita sus defensas. Por eso, apenas llegan a casa, cambio calcetines, pantalón, ropa interior… aunque sea solo un poquito. Y si estuvieron mucho rato en la calle, un baño tibio ayuda a que el cuerpo se relaje. Yo les digo que es “quitarse el frío del cuerpo”, y de verdad funciona.
7. DESCANSAR BIEN TAMBIÉN CURA
Un niño cansado, que duerme mal o va a la cama agitado, se enferma más fácil. En casa hemos hecho una rutina nocturna: baño, cena ligera, cuento o abrazo. Nada de pantallas. Y aunque no siempre es perfecto, el cuerpo descansa mejor cuando sabe qué esperar. Dormir bien es tan importante como alimentarse bien. Si puedes, también descansa tú… aunque sea un ratito mientras ellos duermen.
9. HUMEDAD: NI MUCHA NI POCA
A veces el ambiente está tan seco que les da tos. O tan húmedo que empieza a oler a moho. El equilibrio es clave. En casa usamos un humidificador solo si el ambiente está seco (como en las noches con ventilador), y si noto que hay mucha humedad, abro ventanas, limpio las esquinas y reviso las paredes. No se trata de tener todo perfecto, sino de crear un espacio donde puedan respirar bien.
10. EL JUEGO TAMBIÉN SANA
En medio de las medicinas, los termómetros y los pañuelos, a veces olvidamos que jugar también es parte del cuidado. Un niño que juega, se ríe, se siente amado. No todo es jarabe. A veces lo que más ayuda es armar una torre de bloques, leer un cuento abrazados o simplemente dejar que se ría fuerte. Su cuerpo sana mejor cuando su corazón está tranquilo.
UN MENSAJE DE MAMÁ A MAMÁ
Cuidar a un hijo cuando se enferma no es fácil. Es agotador física y emocionalmente. Pero también es un acto de amor inmenso. Y si hoy estás cansada, angustiada o sintiendo que no sabes si lo estás haciendo bien, déjame decirte esto: lo estás haciendo con todo tu corazón, y eso ya es muchísimo.
Tal vez no puedas evitar que se enferme, pero sí puedes acompañarlo con todo tu amor. Y eso… también es parte de sanar.

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