CÓMO EXPLICAR A LOS NIÑOS QUE TODOS TENEMOS NUESTRAS PROPIAS FORMAS DE BRILLAR
A veces, como mamás, llega ese momento en que nuestros hijos hacen una pregunta que nos desarma:
“Mami, ¿por qué mi amigo hace las cosas distinto a mí?”
Y entonces sentimos ese pequeño nudo en la garganta, porque sabemos que de nuestra respuesta puede depender la forma en que ellos aprendan a mirar el mundo.
La verdad es que no hay una receta mágica, pero sí hay una manera sencilla de explicarlo. Podemos hablarles de las estrellas. Ninguna brilla exactamente igual a otra, unas lo hacen con más intensidad, otras parecen más pequeñas o lejanas, pero todas iluminan el cielo de una manera única y necesaria. Así también somos las personas: cada niño tiene su propio ritmo, sus talentos, sus formas de expresarse y hasta sus batallas invisibles que muchas veces no vemos.
Podemos decirles que lo importante no es compararse, sino aprender a mirar con respeto y ternura al que está a su lado. Tal vez su amigo necesite más tiempo para correr, o más calma para hablar, o más paciencia para aprender. Eso no lo hace menos, al contrario, lo convierte en alguien con una luz especial que merece ser vista y abrazada.
También podemos aprovechar esas conversaciones para sembrar semillas de empatía. Recordarles que todos, en algún momento, necesitamos comprensión: cuando nos equivocamos, cuando nos sentimos tristes, cuando algo nos cuesta más de lo esperado. Que justo en esos momentos es cuando el amor de un amigo puede marcar la diferencia.
Criar niños empáticos no significa darles discursos largos, sino mostrarles con ejemplos sencillos que cada corazón late a su propio compás. Si los guiamos a comprender que el mundo se ilumina mejor cuando brillamos juntos, estaremos regalándoles una lección que les acompañará toda la vida.
Porque, al final, la vida no se trata de señalar quién corre más rápido o quién habla más alto. Se trata de aprender a caminar de la mano, celebrando que cada uno, a su manera, es una estrella que merece brillar.

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