LOS MIEDOS DE MAMÁ PRIMERIZA QUE NADIE CUENTA
Convertirse en mamá por primera vez es como abrir un libro en blanco: emocionante, pero también lleno de páginas que asustan porque no sabemos qué escribir en ellas. Nadie te prepara del todo, aunque leas mil artículos o recibas consejos de todas partes. La realidad es que, en silencio, todas cargamos con miedos que a veces ni nos atrevemos a decir en voz alta.
Está ese temor de no saber si lo estás haciendo bien. Ese momento en que tu bebé llora y, aunque ya probaste de todo, nada lo calma, y en tu mente aparece la duda: “¿será que no soy suficiente?” También está el miedo de equivocarte con lo más simple: si le pones demasiada ropa o muy poca, si la leche le llena o no, si lo estás cuidando como deberías.
Se suma la presión de las comparaciones. Ves a otras mamás que parecen tenerlo todo bajo control, bebés que “duermen toda la noche” o que sonríen en cada foto, y te preguntas por qué en tu casa no se ve tan perfecto. Lo que nadie te dice es que detrás de cada sonrisa también hubo lágrimas, noches en vela y dudas escondidas.
Y quizá el miedo más grande: sentir que perdiste un pedacito de ti. Porque entre pañales, llantos y nuevas rutinas, a veces te olvidas de ti misma, y aparece esa pregunta dolorosa: “¿volveré a ser la de antes?”. La verdad es que no, pero eso no es algo malo. Estás aprendiendo a ser una nueva versión de ti, más fuerte, más tierna, más consciente de tu capacidad de amar.
La maternidad primeriza no necesita mamás perfectas, necesita mamás reales. Mamás que se equivoquen, que aprendan, que pidan ayuda y que se permitan descansar. Mamás que abracen sus miedos y entiendan que forman parte del camino.
Si alguna vez sentiste que eras la única con esos pensamientos, quiero que sepas algo: no estás sola. Todas, en silencio, hemos tenido esos miedos. Y aunque el inicio sea difícil, cada sonrisa, cada mirada y cada abrazo de tu hijo te recordará que lo estás haciendo mucho mejor de lo que crees.

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